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Mas los intrépidos marinos, al poner sus pies en tierra, se apresuraban todos a saludar la playa; ni hubo ninguno que de su nave descendiera sin esperanzas de hallar caza en la tierra:
Nadie piensa que tal caza, que no necesita trampa ni red, habría de caer así en sus manos en aquellas hermosas colinas;— una presa tan bien, tan hermosa, tan benigna, arrojada por Venus en su camino, herida de amor.