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“Mas ya un Anciano de reverente faz, en la ribera por la turba abigarrada, con los ojos fijos en nuestras formas era visto, y descontento tres veces inclinó la frente:
Alzando un tanto agudos sus tonos hondos, para que desde el barco le oyéramos hablar alto, con sabiduría solo de la larga experiencia labrada, así desde su pecho sabio por el tiempo exhaló su queja:—