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Así habló él; y a una todas las voces se alzaron mientras cada uno sus propios pensamientos expresaba, maravillados por el gran orgullo de la Raza, que a través de tales mares y cielos se había abierto camino. El ilustre Rey alabó con elogios la lealtad de los portugueses, mientras su espíritu sopesaba cuán alto es su valor, cuán firmes sus mandordenes, cuya Palabra Real se escucha en tierras tan lejanas.