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Uno comenzó a decir: «¿Con qué podremos mejor aguijonear al tardo Tiempo, que tan duro y remiso se arrastra, sino con algún bonito cuento de alegre regocijo, para que el pesado sopor no nos turbe más?».
Respondió Le’onardo, el más fiel amante, cuyo firme y constante pensamiento siempre ardía: «¿Qué cuento podrá mover mejor nuestros tardos pechos y matar al viejo tiempo que una hermosa Balada de Amor?».