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Y cuando el Capitán llegó a esa feliz orilla, con extrañísima alegría, con la esperanza de ver gentes bautizadas, y de saludar una vez más a los queridos hombres cristianos, tal como le jurara su falso guía; ¡he aquí! vienen botes, sobre las azules aguas, trayendo el buen saludo de su Rey, quien al extranjero conocía: pues Baco del suceso ya hacía mucho que había avisado, disfrazado con forma y figura de otro moro.