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No de otro modo con temor habló María a su Sire, que Venus cuando, en triste queja, rogó al gran Padre de Todos por su Eneas que en alta mar se mecía; y tal compasión en el pecho de Jove despertó, que de su mano cayeron vanos los temibles truenos: la clemente Divinidad todo se lo concede y solo lamenta que más no le pida.