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Ya de su marfil Luna las puntas se acercaban, con todas sus fuerzas el indomable Niño, que disparaba a Tetis más que a ninguna bella, porque ella era la más esquiva de las esquivas para el amor.
Ya de sus flechas está el carcaj vacío, ni vive en la llanura marina ninfa alguna que goce de su vida; y, si los heridos respiran un aliento de vida, no es sino para saborear que batallan con la Muerte.