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¿Piensas que no se habrían amotinado los infelices contra el Capitán que contrarió su ánimo, convirtiéndose por la fuerza en piratas, apartados del deber por la desesperación, la necesidad y el hambre?
En verdad, estos hombres fueron duramente probados, pues ni el afán ni la fatiga lograron apartar de sus corazones la excelencia portuguesa, que aún abunda en valor leal y voluntad obediente.