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Aquí los consejeros que más apreciaba el rey disputaron con diversos pareceres y opiniones; pues aquellos con los que solía aconsejarse habían sentido el poder de la magia omnipotente del dinero. Ideó convocar a nuestro valiente Capitán, y a este, una vez llegado, le habló así:—«Ahora bien, si aquí en mi presencia reconoces la desnuda y nítida verdad, tus felonías aún reclamarán mi piedad: