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Cual en la sangrienta arena algún apuesto galán, clavando los ojos en su bella dama, busca al furioso toro y le corta el paso, salta, corre y silba; hace señas, grita y vocifera:
El cruel monstruo sin pensarlo un instante, bajando su frentuda cornamenta, vuela furioso con los ojos bien cerrados; y, rugiendo un sonido espantoso, lo derriba, lo acornnea y lo deja sin vida en el suelo: