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¡Tan ardiente el odio, tan aguda la enemistad con que su espíritu se llenó contra sus huéspedes, sabiendo que eran seguidores de aquella verdad enseñada a nuestros padres por el Simiente de David!
¡Oh, oscuro secreto de la Eternidad, del cual el juicio del hombre nada puede abarcar! ¿Por qué nunca habrán de carecer de pérfidos enemigos aquellos que muestran tan bellos símbolos de Tu amistad?