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«‘Algates, que el Océano de nuevo sea libre de esta triste guerra, algún modo hallaré de hacer que mi honor con su ruego convenga;’ así el mensaje a mi oído fue confiado. Yo, que ningún traicionero lazo en nada pude ver (pues la ceguera de los amantes es sumamente ciega), sentí mi pecho latir con una esperanza boyante, y esperanzas de pasión coronadas por la posesión».