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En fin, las naciones no tienen ningún Señor de Hombres que carezca de una culta y docta fantasía, ya sea de estirpe griega, latina o bárbara; solo a los lusitanos vemos carecer de ella.
No sin vergüenza lo digo, pues en vano sería esperar una alta y triunfante Poesía hasta que los hombres lleven al corazón nuestras Rimas, nuestros Cantos; pues las mentes ignorantes del Arte siempre desprecian el Arte.