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«Con tales y semejantes palabras que habló la lengua del amor y del anhelo doloroso de la naturaleza humana, siguió nuestro camino hacia el mar tanto el viejo como el joven, los dos extremos de la vida debilitados y lentos por el Tiempo.
La triste Eco se lamentaba entre los cercanos montes, como si las duras colinas se movieran para mostrar dolor; y las lágrimas rociaron la costa nevada de tal modo, que las gotas rivalizaban con las arenas en igual multitud».