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Y del Rey nuestro Capitán buscó la galera, quien estrechó en sus brazos al huésped bienvenido: Él, con la cortesía que la Razón enseñaba, a su anfitrión (que era de rango Real) se dirigió.
Notó el moro admirado, lleno de asombro, cada modo, mirada y gesto de su visitante, como quien contempla con enorme estima a gentes que en pos de la India tan lejos llegaron.