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Una, la principal, cuyo mandato guiaba con orgullo a las Ninfas, vasallas obedientes de su trono, descendiente de Cielo y Vesta, según se decía, como por su porte real se dejaba ver; ella, que esparcía su encanto sobre la Tierra y el Océano, la noble Capitana, digna de poseer tal merced, sale a recibir con honesta y principesca pompa, como conviene a tan gran y egregia Señora: