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“Las ninfas hijas del Mondego lloraron muchos años la oscura muerte, con lamentos de dolor excessivo; y para memoria prolongada trocaron en fuente pura las aguas de aflicción que sus ojos alimentaban siempre:
El nombre que le dieron, que aún perdura, revivió a Inés, cuyo amor asesinado yace sangrante; mirad esa fuente fresca que fluye entre las flores, ¡lágrimas son sus aguas, y su nombre «Amores»!”