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«El hado antiguo determinó que estas conquistas, dignas de desafiar a la propia Fama, las reclamen estos portugueses en todos los climas donde la India alza su linaje ennoblecido por la guerra: ¿Sólo yo, hijo de un padre sublime, yo, a quien adornan tan generosos dones y recompensas, consentiré que el hado propicio asegure el éxito a hombres cuyas fatigas oscurecerán mi nombre?