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¡A ti, oh raza nacida de Luso!
A ti digo, a quien tan mezquina parte de la Tierra es dispensada —¿qué digo de la Tierra, sino de Su cetro que rige cuanto encierran los cielos redondos?—;
A ti, a quien ni rudos peligros ni crueles terrores apartan de vencer al brutal Paganismo, mas a quien tampoco la codicia de ganancia puede apartar del amor de la Esencia-Madre entronizada en lo alto de los Cielos.