36
Mas Marte, siempre presto a respaldar a su querida Diosa, sea cual sea el caso; ya por viejo amor que en su pecho aún parpadea, o por los méritos de su belicosa estirpe; de entre los Dioses se alzó con súbito arranque: ¡Una sombría melancolía marcó su gesto y rostro; el pesado pavés que de su gorguera pendía tras sus hombros, lleno de ira, arrojó!