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Ni sé por qué, con qué hado indigno, ella goza ni de orgullo genial ni de gusto general, que fortalecen el espíritu mortal e inclinan a afrontar toda fatiga con dichosa presteza.
¡Por tanto, oh Rey! tú a quien la Voluntad Divina ha colocado en el trono real con un propósito, ¡procura ser (y ve los reinos de la Tierra) el único Señor de vasallos incomparables en su valía!