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¡He aquí cómo el soberbio castellano se apresta a vengar las injurias de Teresa, contra la tierra lusitana, tan fecunda en varones, sobre la cual no pesan fatigas ni pesadas cuitas. Sus pechos osan grandemente la cruel batalla, y las potestades angélicas auxilian la buena causa; sin temor a la fuerza desigual, siguen combatiendo, ¡qué digo!, hacen huir a su terrible enemigo.