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Y, conmovido por tan blandas artes, arte de enternecer al Tigre duro, con radiante sonrisa, cual si partes del cielo torvo, en calma el aire puro, seca a su Hija el llanto, y por toparte con nieve en rostro y cuello, al soplo juro de besos tibios, que, en paraje solo, fuera un Olimpo en que Cupido anhelo.