56
Habló de este modo el Moro, y se despidió, él y su mesnada donde estaban los botes; formales despedidas dio al jefe y a las tripulaciones, intercambiando venias con la debida cortesía.
Ya el cansado Febo en la ola occidental había estabulado el carro de cristal del Día, y dio a su hermana de alta frente la orden de iluminar la inmensidad de la Tierra mientras durara la penumbra nocturna.