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“Mas entre tantas palmas este Príncipe extravió el golpe de la Tiemeraria Muerte; su heredero preferido fue ese estimado hijo a quien todos obedecían, segundo Alfonso, de nuestros Reyes el tercero. Reinando él, Alcácer do Sal fue hecha nuestra, arrebatada para siempre de la manada mora; que antes fue tomada por el moro sitiada, y ahora por la fuerza él paga el Tributo de la Muerte.