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“Este pueblo, estos hijos de mi amor, por los que vierto el llanto que en vano ante tus ojos brota, y cuyas penas, por quererlos bien, agravo más cuanto al desatar tu ira mis buenos deseos contribuyen: Por ellos lloro, por ellos imploro tu auxilio, y así, en fin, combato contra un hado adverso: Mas ahora, ya que la mala fortuna persigue a mi amor, habré de quererles mal para que el bien sea de ellos.