100
“Nunca Semíramis miró millares que por la ancha hidaspia grama hollasen; ni Atila —al que asolan crueles azares la Italia, y «azote de Dios» le llaman— huestes godas llevó a triunfales lares, como a la turba sarracena afanan fuerzas que da Granada, en torpe tropel, al campo de Tarteso y su vergel.