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De nuevo la Lira su alma de música vierte, y canta a la Ninfa cómo huirá Soáres de las banderas que agitan el aire, cuyo terror se extiende largamente por las costas bermejas de Arabia: la abominable ciudad, Medina, teme como temen La Meca y Gidá, y allá donde yacen las últimas orillas de Abisinia; mientras Bárbora teme el destino que inunda de lágrimas el mercado de Zeyla.