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“Allí, en tu Príncipe, con eco fiel, despertaron tus dulces pensamientos, que en lo hondo del alma guardó él, cuando ausentes estaban tus concentos; huyó la Noche en falso y dulce umbral, voló el Día en fugaces devaneos; y cuanto vio y amó con afán tal fueron memorias de su amor, tus goces, tu cristal.