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“ ‘¡Por qué, oh Rey! a cuyo puro espanto, del Mulucha los rápidos se hielan; sacúdete la modorra y el llanto, ven, raudo, cual segundo Salvador que a nuestra triste Castilla anhelan: Si este tu rostro, de amor radiante tanto, sella un tierno y orgulloso corazón paternal, ¡date prisa, Padre! socorre; si no te das prisa, tal vez perezca quien tu socorro precisa.’