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“Él viene con turbado gesto y paso, cual si en trance tan fiero halládose anhelante; ni él nuestra lengua, ni su jerga amamos, peor salvaje que el brutal Polifemo:
Del fino vellocino al fin le muestro el tesoro de Cólquida, la gema noble y suma, la plata virgen, ricos y raros aromas, mas del Silvano nada paresció importarle.