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Difícil fuera, en verdad, juzgar cuál caso sea el verdadero, donde semejantes esplendores cubren tierra y aire, si la bella Aurora presta a las flores su matiz, o si las flores le prestan sus matices tan bellos.
Allí Céfiro ayudó a Flora a esparcir sobre la Violeta los colores que visten los amantes pálidos de amor; con el rojo Iris y la más fresca lozanía de la Rosa, que en la mejilla de la Doncella brilla con toda su hermosura: