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“Así partimos del santuario santo construido a la margen de la salada ola, llamado, para perpetua memoria, de la Tierra Divina, donde Dios encarnado vino al mundo a salvar.
¡Rey! Te aseguro que cuando esta mente mía recuerda cómo fue nuestro partir de aquellas playas, están mi espíritu y mi corazón llenos de dudas y temores, y los ojos apenas pueden contener sus lágrimas furtivas.