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¡Cuántas montañas arrasadas con el prado esas Olas que estallan y rompen con terrible poder!
¡Cuántos troncos nudosos de árboles milenarios arrancaron los Vientos con salvaje y caprichoso ensañamiento!
Jamás les importó a esas gruesas raíces de cable ver sus talones hacia arriba para encontrar la luz celestial; ni pensaron las arenas hondas que las crecidas podían fluir con tanta fiereza, y alzar en alto lo que abajo yacía.