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“¡Mirad ahora! —cantó—, otro viene con el orgullo de la Sangre Real, y trae de su patria al Hijo, cuyo nombre resonará sobre las mareas del Océano, tan alto como el del romano en los mejores días de Roma. Los dos, con brazos guerreros unidos a corazones leales, infligirán una terrible sentencia a la fértil Quiloa, y coronarán a un Rey más apacible de estirpe fiel, que pondrá fin al cruel y pérfido reinado del Tirano.