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«No te fatigues en fatigarme; pues si he de perseguir esos encantos huidizos y perseguirlos en vano, tal es mi Suerte y si aguardas y pones a prueba su capricho perverso, jamás logrará que gane.
¡Espera! si quieres volveré a descifrar qué sutil modo de escape te queda, y al fin notarás, y con gusto confesarás así: Tra la spiga e la man qual muro è messo.