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“Este Arroyo con apacible y suave reposo acogerá en su abrazo al Canto, que nadó hasta la orilla del triste y piadoso naufragio chorreando humedad, escapando de los arrecifes y rocas que arman de colmillos la playa; de las torturas del hambre y del peligroso estrecho, en el tiempo en que se promulgó la severa e injusta orden contra aquel cuya alta y sonora lira reclamará tal desdicha de la Fortuna y tal caudal de Fama.