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“Mirad aquella tierra, por el Tiempo hecha isla del mar, cuya alma tiembla en vaporeante llama; ved la fuente de Petroil y el prodigio del jugoso aroma que el árbol que llora destila; más dulce que las lágrimas perfumadas que en Arabia vertiera la hija de Ciniras, donde mora por siempre; y ved cómo, atesorando cuanto otros atesoran, guarda la suave seda y la pepita de oro.