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“«Verá morir de hambre lenta a sus caros hijos, dulces prendas criadas con amor, nacidas de tierno amor; verá a los cafreños, raza codiciada y fiera, despojar a la bella Dama de sus desgarradas vestiduras: verá esos miembros, claros y diáfanos como el cristal, desgastados por soles, heladas, vientos y temporales, cuando dejen de pisar, a lo largo de interminables millas, el calor del arenal, esos pies delicadísimos».