23
Ella, que del furioso Atamante antaño fugitiva, se alzó a la divinidad, a su hijo, un hermoso muchacho, en brazos traía, destinado a sentarse en el consistorio del Cielo:
Se detienen jugando en la playa de guijarros con perladas conchillas, que el mar salado siempre cría, y ahora él suspende su juego, y reposa recostado sobre los deliciosos pechos de Panopea.