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De tal manera en el sylvanal Lago las Ranas, prole de licia sangre antaño, cuando el rumor de paso que se acerca oyen por fin, dejando incautas su morada acuosa, despiertan ecos de marisma saltando aquí y allá para escapar de los peligros que amenazan muerte y ruina; y, bien ocultas en el hondo conocido, nada más que sus cabezas negras sobre el agua asoman: