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Así también tuvieron otros igual poder para domansar a aquellos otros amantes que obedecían sus mandatos; rindiéndose a Venus, cada Viento se tornaba de semblante tranquilo, dominado por una nueva blandura:
Ella prometió, al ver que sus amores reclamaban su ayuda, su sempiterna asistencia en las dulces guerras del amor; y recibió su homenaje sobre sus hermosas manos, para llevar, mientras naveguen los Barcos, sus caros mandatos.