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Con todo, los lusiadas no se contentan; y a la fiera victoria instando, hieren y matan: la indefensa y desmurada villa bombardean y queman, haciéndola fácil presa. Los moros su incursión y dura razia lamentan, que esperaban la victoria ganada de forma más barata: ahora blasfeman de la batalla, maldiciendo salvajes al viejo entrometido necio, y a la que parió tal hijo.