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Lucharon contra las crestas inquietas que embisten la Aurora que ya entra en el océano Índico, y divisaron las estancias del Sol, donde nace el dios ardiente; y todo deseo estaba casi satisfecho.
Mas ahora el alma altiva del cruel Tioneo, afligida por los grandes galardones de poder y orgullo que el valor lusitano se dispone a conquistar, arde y blasfema con insensata y enloquecedora rabia.