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“El mensaje —dicen ellos y yo lo entiendo— que tu Rey me ha enviado, es una vana falsedad; ningún rey te posee, ni posees tierra alguna, sino que llevas una vida errabunda por el Océano:
¡Di! ¿Quién desde la lejana costa hispana, qué rey o señor de locura incurable pasado toda esperanza enviaría sus armadas o un solo barco a vagar por el dudoso camino de un Océano tan distante?”