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¡Ay de mí! ¡Qué hambrientos besos despiertan el bosque! ¡Qué coros aclaman en suave su unión! ¡Qué bonitos arrumacos! ¡Qué tímido humor caprichoso que el risueño regocijo no tardó en volver risa!
Lo que la Mañana y el Mediodía vieron y comprendieron, mientras Venus se complacía en encender las pasiones de sus amantes, mucho mejor sería no experimentarlo para no juzgarlo, mas júzguelo aquel a quien su Hado le niegue tal gracia.