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»Y vosotros, ¡oh Dioses del Océano!, que jamás toleráis agravio alguno en vuestro vasto dominio sin el castigo más justo, condigno y seguro infligido a los gusanos que invaden vuestro reino: ¿Por qué moráis así negligentes, cómo descansáis seguros? ¿Quién tuvo el poder de ablandar vuestros corazones, endurecidos por la razón para contemplar a esta raza de mortales a la vez tan débil y tan audaz?