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¡Mirad! la espada en ristre y firme lanza, sonaron con furor sobre cota y penacho, ¡bravo asalto!
Clamaban, mientras cada cual su ley profesaba, unos «¡Santiago!» y otros «¡Mahoma!».
Los gritos de los heridos oprimían los cielos, cuya sangre fluyente en feos charcos se juntaba, donde otros infelices medio muertos ahogándose yacían, que arrastraban sus miembros destrozados fuera de la lucha.