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Mas ya la bella Estrella, de chispeante rayo, al claro Sol guió al confín indiano; del Día el lindo Heraldo apresurado mostrando su faz alegre, el mar y tierra infunde aliento: La Diosa soberana de su curso etéreo, a quien huye asustado el cinto Orion armado, al ver las olas y su amado Clan, de igual enojo y miedo heridos van.