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Y allí ese río en flecha, desecando del asirio gran pueblo la caterva, blande un cetro real, señorío femíneo, de lo hermoso la más hermosa y tan vil como hermosa.
A su lado con furia encendida en alto su penco esculpido piafa orgulloso el aire, en quien su hijo un rival amante halló. ¡Oh vil incontinencia! ¡Oh amor nefando!